LAMARQUESA.ES CHIC: ME PINTO LAS UÑAS EN ROJO FERRARI por Marta Vilar.
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Me invita el Grupo Santander a pasar el día en Cheste con un concurrido grupo de gente muy VIP. Me pinto las uñas en rojo Ferrari, por lo que pueda pasar. Nos recibe Pablo, sobrino de Emilio de Villota, primer piloto español de Fórmula 1. El día es espléndido y la afición espera con ansia a Felipe Massa y Fernando Alonso. Tomamos café y alguna copita de tinto y vemos cómo los pilotos se van haciendo con el asfalto de Cheste. No iba por allí desde el concierto de Madonna, que por cierto, pasé doce horas tirada como una colilla para ver una porquería de concierto. Menos mal que estaba con mis amigos y el día pasó entre risas y quejidos de pompis por estar sentados sobre el suelo. El caso es que gracias a Ferrari y al director comercial de CARS VALENCIA, Santiago Romero, me doy una vueltecita en el nuevo Ferrari California, un sueño para cualquier mujer. Mientras piso el acelerador con mucho gusto, el ingeniero de la firma que me acompaña, saluda a la Guardia Civil ¿ A quién le cae la multa? pregunto estremecida. “No hay problema” me responde. Pues vaya día redondo llevo, pienso para mis adentros. Me siento una chica Bond a lomos del cavallino rampante. Más tarde, ya en boxes, coincido con Alejandro Ripoll, gerente de las Gasolineras Ripoll; la familia Vañó, gran aficionada a las carreras; el odontólogo Rafa Aleixandre y Pepe Luna junto a unos amigos.
Los trailers de Ferrari en rojo chillón, destacaban el el parking de las escuderías entre el resto de competidores.
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Tras probar el Ferrari, francamente espectacular en su conducción y fácil manejo, nos dirigimos a la zona de garaje donde descansan los inmensos trailers de las escuderías; destaca uno en azul que nos cuentan que es desde donde se controla todo el cotarro. Una señorita de Ferrari, Alexandra, italiana, nos hace la visita guiada y advierte que no podemos fotografiar de cerca nada ni a nadie, sacando de inmediato todos los presentes las cámaras y el zoom a tope. Con mucho misterio nos conduce por un estrecho pasillo blanco donde intuyo que vamos directos al ajo. Desembocamos en la misma pista del Circuito, justo en el box de Ferrari. Las cubiertas de los coches se amontonan en columnas: las de funda amarilla son de Alonso y las rojas de Massa. Nos advierten que vamos a ver el coche y que guardemos silencio (todos gritamos porque vamos con unos horribles tapones rojos) Aguantamos la respiración. Como a la entrada de “El pasaje del terror” nos separan de cuatro en cuatro, y nos advierten que no nos separemos ni toquemos nada ni a nadie. Traspasamos la lona blanca y tengo una visión extraordinaria y celestial: diez hombres fornidos, embutidos en monos rojos, arrodillados, sacan lustre con un pañito de gamuza al bólido. Pienso en las lectoras de LAMARQUESA.ES e intento sacar mi cámara, pero me bloquean el movimiento. Llega un pequeño y saleroso Felipe Massa con casco verde fosfi. El resto del grupo -todo hombres- es cuando se quedan impactados; yo ya estaba…
Después de unas vueltecitas por el Circuito de Cheste, Felipe sube al palco a decir unas amables palabras. Es simpático y muy brasileño. Está feliz con el nacimiento de su hijo y aspira a hacer una buena temporada, aunque el nuevo circuito de Corea, le da a él que va a hacer falta tirar mucho de simulador. Luego vimos pasar de largo a un desaborido Alonso, que no tuvo ni un segundo para sonreir a su afición. Pregunto dónde se alojan, dando por supuesto que en el Westin. Nada de esto. Cada uno tras el entrenamiento, coge un vuelo privado y desaparecen. Será que no se han enterado aún de que el verdadero entrenamiento está en la ciudad de Valencia y los rugidos de su noche…
Felipe Massa con el mono de trabajo junto a Marta Vilar.
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