El maltrato que sufre el sector hostelero de este país es notable. Gobierne quien gobierne, ya sea en el país, la comunidad autónoma o en la ciudad, los políticos no ven en ellos, sino una vaca a la cual exprimir, sin pensar en las necesidades que pueda tener.

En la crisis de los años 2008, los establecimientos hosteleros fueron muy receptivos y acomodaron a miles de trabajadores en sus bares, restaurantes o establecimientos hosteleros, y por aquella solidaridad labor, apenas recibieron subvención alguna, o ayuda, y si las recibieron fueron las migajas de un pastel que mucho antes ya se habían repartido bancos y empresas afines a los gobiernos de turno.

Poco a poco fueron saliendo y mejorando sus números, y por supuesto garantizando su viabilidad y futuro, pero justo ahora que empezaban a ver la luz al final del túnel llega esta nueva situación que nos rodea, y que por desgracia, ha sepultado cualquier atisbo de esperanza y por supuesto de un futuro alentador.

Porque ahora, ante ese negro futuro, no sólo no reciben ayudas, sino que los estrangulan hasta puntos impredecibles e impensables.

Con éste último cierre provocado por el Consell en base a los a los contagios del Covid-19, y que ha dejado sin ninguna protección al mundo de la hostelería, se crea una situación un poco (bastante) contradictoria, pues como el propio Ximo Puig reconocía “el 60% de los contagios registrados, provienen del entorno familiar”.

Reconociendo explícitamente el Consell, que este decisión se circunscribe más a una decisión política impuesta por Mónica Oltra y por el grupo de Unidas Podemos, importándole un “bledo”, si el sector se hunde, o sobrevive.

Es un momento de unidad y de exigencia, por ello hay que estar muy cerca de ellos en estos momentos, ayudándolos en todo lo que nos sea posible, y generando en ellos la confianza suficiente para superar el futuro a corto plazo que se les viene encima.

Llama la atención el silencio “casi mortuorio” de los sindicatos, para los que nunca faltan las subvenciones del propio Consell que los tienen bien paniaguados, para que no les molesten, y no les agiten la llamaba “Paz Social”.

Esperemos que lleguen pronto las ayudas y por supuesto las condonaciones de deudas como han hecho con muchas de las empresas de este país, hasta volverlas rentables.